Alienación

El día que supe que los demonios eran reales, no sentí especial preocupación. Había cosas más problemáticas de las que preocuparme como para tener miedo de extraños seres venidos de otra dimensión.

Ni siquiera el ser parte del menú me preocupaba, mis problemas eran más serios y estaban en mi cabeza, probablemente a punto de materializarse.

Los demonios son seres de otro mundo, los noticiarios los han presentado como reales en pocos confiables reportajes esotéricos, donde señoras de pocos dientes y mucho descaro finge desterrarlos hacia mundos infernales a cambio de un módico precio. Los televidentes fascinados y aterrados contemplan la pantalla brillante mientras pasan comerciales ante sus ojos casi sin que se den cuenta.

A pesar de que es mundialmente aceptada su existencia, nunca se ha podido confirmar científicamente, hasta que cierto científico de renombre propuso que estos podrían existir como una manifestación del subconsciente colectivo. Una forma atávica de terror manifestada en excéntricas presentaciones acordes a la realidad cultural gobernante. Esto explicaría por qué han pasado de ser desde seres amorfos, hasta estar constituidos como mezclas animales y últimamente, como humanos muy deformados.

El científico no tuvo suficiente con ello, y comenzó a construir una máquina para poder materializar los terrores subconscientes. Trabajo en ello antes de que nazca y termino su trabajo después de que termine la adolescencia. Realmente diría que hubiese preferido que se tarde tal vez, unos cincuenta o cien años más, pero fue inevitable.

Como era de esperarse, tantos años de trabajo pasaron factura en su cordura por lo que tan pronto logró hacer funcionar su máquina, esta se salió de control. O más bien, el científico dejo que se saliera de control.

Los demonios se hicieron reales.

La primera víctima, como era de esperarse, fue el mismo científico, que fue devorado ante las cámaras por un extraño ser de piel rojiza y cuernos sobre la cabeza. Su asesinato fue brutal.

Desde entonces, las apariciones de los demonios han sido posibles ser capturadas en cámaras de alta calidad, los reportajes ya no usaban los videos de calidades miserables y muy distorsionadas. Los demonios se hicieron reales.

Debido al temor que estos causaron, pronto comenzaron a aparecer formas demoniacas nunca antes vistas.

El terror colectivo comenzó a manifestarse en formas muy extrañas, desde cofres con dientes hasta impresoras trituradoras de carne. Los demonios pronto dejaron de ser una aparición espontánea y muchos aparecían de la nada, en la casa de sus creadores.

No, realmente no me preocupan los demonios.

Tengo problemas más serios con los que lidiar.

He estado encerrado en mi habitación desde que mi mente comenzó a salirse de control, pero oigo lo que está sucediendo afuera.

Monstruosos gritos y gruñidos acompañan al clamor de la gente que pronto se ve silenciada entre chapoteos y el crujir de sus huesos.

Pero eso no me preocupa.

La puerta empieza a ser azotada. Golpe tras golpe la van debilitando y algunos cuernos y garras se dejan ver entre las grietas que van apareciendo.

Pero eso no me preocupa.

Finalmente la puerta cede. Extraños seres entran amenazantes y se abalanzan contra mí.

Pero eso no me preocupa.

Al instante, mueren triturados y atormentados de formas peores a las que hacían hace un rato.

Tengo cosas más importantes de las que preocuparme, como por ejemplo, los ruidos de mi cabeza ahora que son reales y no permitirán que nada externo me aleje de ellos.

Ni siquiera simples demonios.

Anuncios

Sangre Artificial

Después de una larga guerra, solo quedaba en el campo de batalla un androide bélico y un soldado enemigo al borde de la inanición, este último, arengado por el fervor de un patriotismo desmedido, aún luchaba por levantarse a pesar de sus heridas que, si bien no eran fatales, le dificultaban seriamente el movimiento.

El androide, una maquina sin sentimientos controlada remotamente desde un puesto de avanzada, era apoyado por una primitiva inteligencia artificial que permitía predecir los movimientos de los atacantes para responder con suma prontitud y reducir la probabilidad de daño al cargamento que llevaba consigo. Sin embargo, sus funciones principales fueron reducidas al mínimo tan pronto como su controlador se alejó de la batalla. Su rendimiento apenas era superior al de un pisapapeles, pero su porte, imponente para una maquina antropomorfa de dos metros de altura, aún causaba intimidación con solo mirarla.

Durante la batalla, el aparato se desenvolvía con soltura, con el poder que otorga la naturaleza cuando se comprende su funcionamiento, mientras que el soldado apenas podía usar sus armas y esconderse entre las trincheras viendo al androide destrozar a sus compañeros.

El tratado internacional prohibía la utilización de estas máquinas, incluso, restringía el uso de inteligencias artificiales para su movilidad, sin embargo, la guerra se gana como se pueda y para ello se aprovecharon agujeros en la legislación del tratado internacional para poder traer estos aparatos.

Prácticamente la guerra era entre humanos, los androides de batalla estaban siendo controlados por ellos así que aún era legal, pero la velocidad en la que causaban bajas era tal que se lo podía comparar a la presentación de la primera Gatling anteriores guerras históricas.

La batalla terminó con una gran destrucción y mortandad alcanzada tan solo por el masivo sacrificio de los soldados que se sacrificaron para poder neutralizar a los controladores de los androides, causando el retroceso del ejército enemigo. El silencio domino el escenario cuando los últimos gemidos de dolor fueron ahogados por el abrazo de la muerte más serena.

El soldado, con fracturas en sus piernas, observaba atentamente al androide que había mutilado a sus aliados.

Le guardaba rencor. Se odiaba a si mismo por seguir con vida y por dejar entero a esta máquina.

Tirado a varios metros de distancia, trato de levantarse, pero el dolor se lo impedía.

Con la mitad de su cuerpo fuera de la trinchera, sus piernas estaban muy lastimadas como para permitirle moverse. A pesar de esto, el odio lo arrastraba hacia el androide que permanecía en la última posición que se le fue ordenada por su operador.

El solado continúo con su esfuerzo. Todos los demás androides habían sido destruidos, muchos de ellos aún tenían sobre si pedazos de los amigos del soldado pero este quedaba vivo. En una pieza. Solo. Totalmente solo.

Su misión solo terminaría cuando este androide haya sido destruido. Sea que tenga que sacrificarse, saltar en pedazos o morir desangrado. Todos sus compañeros cumplieron sus misiones.

Siguió arrastrándose sobre el tortuoso terreno, teniendo que pasar por algunos cráteres causados por las violentas explosiones de granadas, algunos de los cuales aún contenían pedazos de soldados que no pudo reconocer.

Llego hasta donde estaba el androide y lo miró una vez más.

Firme y estático, su apariencia era como el de un hombre fornido. Fue creado así para producir una sensación inquietante en el enemigo. Sus ojos resplandecientes seguramente no eran capaces de ver nada pero estaban ubicados en su rostro para asemejarse a los humanos. Sus brazos aún sostenían una especie de rifle que de ninguna manera una persona normal podría levantar y sus piernas estabilizadas por algún mecanismo moderno, marcaban el terreno por el peso de su equipamiento.

El soldado busco en su chaqueta táctica una granada. Estaba agotado, sin fuerzas para moverse y sabía que nadie vendría a rescatarlo.

Los recuerdos de sus amigos saltando por los aires en pedazos lo movían a escarbar frenéticamente buscando la granada pero no la encontró. Por el golpe que recibió había olvidado que gastó todas en otras batallas.

Tanteo sus ropas buscando un arma, pero solo encontró un cuchillo para batallas cuerpo a cuerpo. Hecho de un metal fuerte, no parecía lo suficientemente fuerte para poder atravesar la armadura del robot.

Sin pensar en estas cosas, se lanzó y comenzó a apuñalarlo en el pecho con todas sus fuerzas. Causando tantos rasguños que al llegar la noche, logró perforar la armadura.

El robot seguía inmóvil, pero se sabía encendido dada las luces en sus ojos. No hizo nada para evitar el daño. No tenía a nadie controlándolo desde lejos.

El soldado continúo apuñalando al robot hasta el día siguiente, y así por tres días después de los cuales caía rendido y hambriento.

Comenzó a llover y el olor a putrefacción mezclada con pólvora se disipo un poco.

Las fuerzas se le escapaban.

Las heridas se le infectaban.

Caído a los pies del aparato pensó que no tenía más opción que aceptar su derrota.

El robot, por alguna razón se inclinó sobre él y el soldado pensó que había activado algún sistema de defensa así que lloró pensando que iba a ser eliminado aún antes de morir de hambre. Pero el robot no se movió más.

Su enorme cuerpo bloqueaba la lluvia que caía sobre el soldado y las gotas de agua se escurrían por sus ojos como si fueran lágrimas.

Abriéndose una compuerta de su pecho, muy cerca de donde el soldado lo apuñalo repetidamente, cayeron algunos suministros sobre el soldado y entonces, las luces de sus ojos se apagaron.

Bloqueo

Sea en su casa o en su oficina, en la calle o en su vehículo. Donde sea que se siente el escritor piensa en que va a escribir después.

El busca el silencio, pero el silencio huye de el. Ha probado de todo, desde contemplar el atardecer desde la hierba hasta cerrar sus ojos intentando ver las estrellas del medio día, pero el silencio sigue huyendo de el.

No hay nada que hacer. Se encierra en su habitación resignado al ver sus musas huyendo de sus sueños. Las ve corriendo por una pradera vacía que va muriendo conforme pasa el tiempo. Las ve desapareciendo mientras la oscuridad se las traga sin misericordia. Ha cerrado sus ojos.

El hombre que dominaba la luz del mundo ha caído en la oscuridad.

Quien diría que seria enterrado en el vacío. Los sueños mordidos por su pluma bailan mientras lloran en una pista de hielo que flota sobre un mar tan negro como la brea. Y como tal, comienza a tragárselos mientras bailan.

Sus lagrimas fluyen constantes y diluyen la pista donde danzan, pero esta continúa tragándolos. La escasa luz que los iluminaba también desaparece mientras ellos lo hacen también.

Quien diría que sería enterrado en el olvido. El papel parece estar carbonizado. Las letras se desprenden de la superficie y resbalan hasta el suelo donde desaparecen como si nunca hubiesen existido. Entonces, las hojas se reúnen como si un rollo olvidado de pergamino fueran y despliegan extensas sobre un suelo pisoteado hasta el cansancio, reseco y desolado que ha recibido y enterrado las cenizas de sus letras. El rollo se repliega después de extenderse pero su volumen no aumenta, mas bien se encoje hasta simplemente desaparecer.

Quien diría que danzaría llorando con sus recuerdos. No conoce dolor mas grande que el de la partida de quien que daba vida a sus letras. Y recordar aquellos momentos en los que su pluma fluía como si no tuviera peso. Fluía como si vertieran un vaso de agua refrescante para un viajero en el desierto y como tal, se impregnaban en el papel, firme e inocente, como los rayones de un niño armado con pinceles de colores.

Ha abierto sus ojos. Le duele el cuello, se ha dormido en su escritorio esperando a sus musas, con sus hojas en blanco aparte de algunas gotas de lluvia que han caído de sus ojos.


Relato breve, gracias a klara klara por los requisitos de:

Estrellas, ojos, atardecer sobre la hierba. Los sueños mordidos. El hombre que dominaba la luz del mundo. bailar mientras lloran.

Sol Eléctrico

Al amanecer el sol dudaba en salir.

Como si el tiempo se hubiese congelado, todo tenía un aspecto de perpetuo amanecer debido a densas nubes negras que amenazaban con llover. Pero no llovía.

El cielo estaba por completo cubierto y el brillo del sol no podía atravesar más que con un tenue resplandor.

Las personas se preocuparon.

— ¿si llueve como poder hacer las cosas del día? — hubo quien se pregunto

— si llueve no podré llevar a mis hijos a la escuela — decían otros.

 Sin embargo, no llovía como amenazaba el cielo.

Gruesas gotas de agua caían azarosamente del cielo, pero de ningún modo alcanzaban para humedecer el reseco suelo reseco hasta ayer por la cruel sequía que se había prolongado durante años.

En la ciudad, esta sequía no importaba. De hecho había progresado gracias a esta, por lo que una lluvia potente como parecía que iba caer, preocupaba a los mediocres gobiernos de turno, los cuales habían manipulado las obras con materiales baratos y de mala calidad.

 — las calles se llenaran de huecos — se oía por todas partes, hasta en el municipio donde se guardaba silencio por el asunto de los materiales.

 Pero no llovió.

 Desde la noche se habían escuchado horribles truenos de origen desconocido. Tan solo un día antes no había ni una sola nube, pero tronaba con una regularidad mecánica, y con una potencia bélica impresionante.

No sorprende que muchas personas estuvieran asustadas, pero no caían en supersticiones de dioses enojados ni cosas por el estilo

 — Ya la ciencia lo resolverá — era la frase de su consuelo.

 Pero la ciencia no investiga tan rápido y en un momento incierto, aparecieron nubes que dieron sentido a los truenos que se oían de lejos.

 De vez en cuando, intensos resplandores aparecían a lo lejos iluminando el cielo despejado y matando la noche por tan solo segundos.

A veces, los destellos parecían coincidir con el estruendo que de fondo se oía. Y en un momento dado de hora incierta, un solo testigo narro como nubes negras iban cubriendo el cielo aún más negro a su paso. Esto es normal de hecho, pero, a cada relámpago que iluminaba el cielo, se podía ver su avance. Como si una película se construyera paso a paso, cuadro a cuadro.

 El cielo permaneció oscuro y la mañana parecía desfallecer con cada minuto.

Las calles estaban vacías por el letargo de un día mal nacido.

Los truenos llevaban horas sin aparecer y el día continuo su paso.

La gente hizo como si nada pasara hasta el mediodía, cuando las luces de cada casa no bastaron para iluminar.

Las lámparas halógenas que alumbraban las calles llevaban el día entero trabajando y se quemaban una tras otra por razones extrañas, si no es que acaso por la tormenta eléctrica que nuca se vio pasar hasta que finalmente la ciudad se vio hundida en tinieblas.

 Las personas no salían de sus lugares de trabajo ni casa.

Había algunos que se aventuraban con lámparas y volvían a sus lugares con presurosa prudencia. Siniestras personas empezaban a darse cuenta de su oportunidad y acecharon como si fuera de noche. No es lo mismo asaltar de noche, las personas están más atentas de día, aunque no se vea nada.

 Las redes se llenaron de avisos de asaltos, muertes, y violencia.

 No había una razón para que se trastornarán en tan poco tiempo. Probablemente tenían miedo, pero no lo admitirían. La lógica y la ciencia les deberían dar una razón, una explicación.

Pero, ¿qué tal si los científicos estaban tan asustados como ellos?

 La naturaleza siempre parece caprichosa, pero todo es por la imprudencia humana. Las nubes tomaron un aspecto rojizo, como anunciando una tormenta de proporciones bíblicas. Pero no llovió.

 Empezó a tronar insistentemente y finalmente coincidió el sonido con la luz. La ciudad entera estaba bajo una supracelular de tormenta.

El cielo se rasgó entre truenos y relámpagos.

Grandes raíces eléctricas reptaban por las nubes como si las parasitaran agresivamente buscando alimento.

 Eso hasta que descubrieron las antenas.

 Poco trataron en descubrir tan tentador camino y destruyeron cada lugar por donde pasaron. La luz llego a ser un simple privilegio del cielo, apagando cualquier otra fuente que descubrieran.

 Con la mayoría de los objetos metálicos que se erguían en orgullosos desafío al cielo, caídos. Los rayos se concentraron en reptar cierta nube voluminosa del centro del cielo calentándola bajo oscuros y complicados procedimientos físicos difíciles de comprender para una mente asustada, y la transformaron en una masa de aire ionizado de altas temperaturas.

 La tormenta se prolongó mucho tiempo más, pero un nuevo sol nació, enredado entre marañas de rayos sin rumbo, amenazando cualquier otra luz que la ose desafiar.


Creo que pondré estos datos si los encuentro en mis relatos antiguos.

Creado: 25/03/2015 9:19
Actualizado: 29/10/2015 10:25

Entre el Silencio y el Clamor

¿Qué elijes? ¿El silencio o el clamor?

Hay un lago de fuego donde los mortales van a bañarse. Buscan alivio de sus pesares ahogándolos entre los gritos de dolor de los condenados y su angustia al ser purificados alimenta este mar de agonía.

Cada día este algo es alimentado. Lagrimas saladas escurren desde el cielo y arrastran los rencores sulfurosos desde las orillas hasta las aguas infinitas que no dejan de crecer, pero no desbordan de sus límites. El dolor es infinito pero no la humanidad. Nunca habrá más dolor que el que los humanos puedan aportar.

El fuego desde siempre ha sido redentor. Consume el azufre de los rencores y evapora el agua del lago, cristalizando en la sal las desilusiones que pronto se disuelven entre los gritos de dolor de los condenados, quienes tarde comprenden aquello que los encerró aquí.

¿Quién desea nadar aquí? Las aguas invitan a cualquier alma sedienta. El dolor no es algo que importe cuando se observa el rojo vivo que recuerda la carne desgarrada. Los cristales de sal disolviéndose y volviéndose a formar son un espectáculo maravilloso.

¿Quién quiere quedarse aquí? Cualquier mortal que haya vivido lo suficiente comprenderá que no hay mejor lugar que este para venir a descansar.

El silencio de los alrededores contrasta con los gritos de los condenados. El vacío, la soledad, el frio y el infinito. Yo sé que los mortales odian ir allí. Les obsequiare el lago de fuego que es mejor. Sin embargo ellos siguen caminando, en silencio o clamando, riendo o llorando, hacia aquel horrendo barranco donde sus cuerpos pútridos siguen acumulándose. Y el vacío se llena tanto como mi lago se puede llenar. Pero allá, no hay nada más que silencio. Allá no estoy yo.


Relato auspiciado por Klara Klara y su petición de :

Quiero sufrimiento, dolor, desilusión, rabia y fuego

Esta vez he optado por un relato introspectivo planteando una decisión. La narrativa creo me ha quedado muy pacifica para su contenido sin embargo.

 

Recurrencia Universal

En una casa abandonada, un padre habla junto a una cama

– hija, bien se yo cuánto te gustan los búhos así que hoy te voy a contar la leyenda de una valiente niña que pudo hablar con los guardianes de media noche para salvar al mundo de una gran destrucción…

“Érase una vez, un gran bosque de girasoles adornados con bellos árboles, imponentes que crecían desde cada pétalo dorado y que reverdecían cada que se orientaban al sol. Cada girasol era un universo y cada universo tenía sus habitantes. Estos sabían que desde lo alto, muy alto, fuera de cada girasol, un bosque aun mayor se levantaba y custodiaba el suyo. Lo sabían cuándo por las noches veían la gran luna blanca brillar en lo alto por sobre todas las cosas y también por los ojos vigilantes de los búhos que miraban documentando la historia.

Bien se yo, mi pequeña, que desde aquí podemos ver otros ojos que nos vigilan. Mira al cielo y mira ese montón de puntos blancos. Junto a ellos también un ojo mayor que es igual al de los búhos de medianoche del bosque de girasoles.

La paz no era un evento frecuente, yo sé. Quien dijera paz invocaba la guerra y la guerra finalizaba cuando la guerra era deseada. El sufrimiento era deseo de cada uno de los habitantes del gran bosque que habitaba cada pétalo de los girasoles y aun así, llevaban una vida tranquila.

Era el centro donde la paz duraba más. Allí mismo donde el amarillo de los pétalos rodeaba de su fulgor dorado por las mañanas y alumbraba las noches por sobre los ojos de los centinelas arriba en el cielo.

Así, siguiendo el ciclo de siempre, entre el centro y los pétalos vivía una pequeña niña en una casa abandonada que observaba cada noche al cielo esperando poder algún día conversar con los vigilantes de media noche.

— ¿Dime papá, crees que podamos hablar con los vigilantes de media noche?

El padre la contemplaba con ternura. Su larga cabellera negra brillaba con los destellos plateados de la luna blanca y era mecida por el viento.

— Claro hija mía. Las leyendas dicen que un día ocurrirá un gran desastre pero no tenemos que preocuparnos, los vigilantes están allí para protegernos y son las doncellas del centro quienes hablaran con ellos para avisarles cuando tengamos problemas.

— Pero las doncellas del centro duermen a media noche. Justo cuando los vigilantes están despiertos. ¿Cómo se darán cuenta a tiempo?

— Para eso estamos nosotros — Dijo el padre mientras mostraba orgulloso un emblema que llevaba — Nos encargaremos de avisarle a las doncellas del centro cuando estén dormidas si pasa algo durante la media noche.

Un gran temblor sacudió la casa y el padre salió apresurado, no sin antes encerrar a su hija en su habitación para mantenerla segura.

— Espérame aquí. Hay trabajo que hacer.

Afuera, el padre se apresuró a llegar hasta la gran torre del reloj desde donde veía aterrizar sobre el reino del centro, un gran monstruo que causaba estragos a cada paso que daba.

Su aspecto atemorizante reducía a los soldados de más bajo rango pero no afectaba a los mayores. Sin embargo, había que llamar refuerzos.

En poco tiempo comenzaron a llegar los habitantes de los pétalos a la lucha. Atacaban las alas del monstruo buscando evitar que siga saltando lejos de los objetivos pero pronto se dieron cuenta de que sus alas solo servían para huir lejos.

Viéndose atrapado e incapaz de volar, arrecio los ataques y mordisqueaba cada estructura frente a el a pesar de todos los ataques. Su armadura estaba tan blindada que parecía impenetrable a los ataques de larga distancia y pronto los refuerzos fueron insuficientes.

El padre se apresuró a llegar al faro y vio como llegaban la artillería pesada junto a carros llenos de guerreros de elite, quienes se apresuraban a llegar lo más pronto hacia el monstruo para tratar de neutralizarlo.

Los continuos saltos que daba, le llevaban errático por todo el universo, incluso saltando entre universos y causando cada vez más daño. Los guerreros de todos los universos pronto se unieron a la batalla y se enzarzaron en un combate suicida.

Descubrieron que si atacaban a las articulaciones de las patas del monstruo reducían su velocidad de movimiento y lograron paralizarlo.

El monstruo aún con vida, se movía inquieto con las patas que le quedaban pero el peso de los guerreros de todos los universos pronto lo agotaron y murió por causa de las heridas. Las bajas sin embargo fueron cuantiosas y los reinos del centro se quedaron sin sus doncellas.

Cada uno de los reinos se vio afectado, pero los lugares seguros del centro comenzaban a recibir los refugiados que buscaban escapar del caos del gran ataque. No había control ni gobernante así que todo era un caos.

El padre, al asegurarse que todo esté bajo control, volvió a su casa y se encontró con su hija.

— Sabía que volverías papá.

— Siempre volveré contigo, hija mía.

— Afuera hay mucha gente llorando. ¿Que podría hacer por ellos?

— No te preocupes por ellos, ahora somos iguales. Te pido que no salgas porque en épocas de desastre, la gente puede convertirse en monstruos similares al que nos atacó hace un momento.

— ¿Las doncellas del centro no llamaron a los vigilantes de media noche?

— Lo siento, no queda ninguna doncella.

El padre nunca se guardaba secretos para su hija a pesar de saber que ella era muy joven, sin embargo sabía lo rápido que ella entendía lo que pasaba, en eso, era igual a su madre.

La noche terminaba y el sol comenzaba a salir, por lo tanto, los girasoles se movían buscando su calor. La inclinación causaba que el monstruo se deslizara cuesta abajo y en su camino arrastro más estructuras y se llevó a los guerreros que aún estaban sobre él.

La niña miraba al cielo. Los ojos del cielo comenzaban a desvanecerse y la luna blanca igual. Los ojos de los vigilantes por su parte, se empezaban a cerrar hasta que volviera a anochecer y entonces se preocupó.

— Sin doncellas ni guardianes, ¿Quién nos va a proteger de los monstruos?

El padre miro a la hija con infinita ternura. Le recordaba a su amada y era su único recuerdo. Ella no lo sabía, era hija de una doncella del centro y su madre acababa de morir, pero no le afecto, nunca llego a conocerla y creía que no tenía madre.

— No te preocupes, pase lo que pase, yo voy a protegerte. Es mi vida, eres mi vida, estaremos bien. — entonces la abrazo con todas sus fuerzas tratando de contener sus lágrimas.

– Hija, bien se yo cuánto te gustan los unicornios así que hoy te voy a contar la leyenda de una valiente niña que pudo hablar con los unicornios para salvar a los duendes de una gran inundación.

La hija soltó al padre y se sentó expectante a la historia de su padre. La había oído tantas veces y aun así no dejaba de gustarle.

— “Erase una vez, un gran bosque de girasoles adornados con bellos árboles, imponentes que crecían desde cada pétalo dorado y que reverdecían cada vez que se orientaban al sol. Cada girasol era un universo y cada universo tenía sus habitantes. Estos sabían que desde lo alto, muy alto, fuera de cada girasol, un bosque aun mayor se levantaba y custodiaba el suyo. Lo sabían cuándo por las noches veían la gran luna blanca brillar en lo alto por sobre todas las cosas y también por los ojos vigilantes de los búhos que miraban documentando la historia.

Bajo los grandes girasoles habitaban los duendes, guardianes del submundo que protegían la base de los multiversos sobre sus cabezas. Su trabajo era complicado y pesado pero siempre lo hacían de buena gana.

Los habitantes de los universos superiores los recompensaban otorgándoles semillas de vida y algo de néctar a diario, el cual recibían de buena gana pues les abastecían de tal forma que no necesitaban nada más. Hacían su trabajo bien y con felicidad.

La doncella del centro, una hermosa niña de cabello negro que brillaba con destellos plateados a media noche con la luz de la luna blanca, era la encargada de llevar las ofrendas a los guardianes del submundo y pronto entablo una gran amistad con ellos.

Cierto día, el pequeño arrollo que irrigaba los multiversos creció desmesuradamente y nadie del multiverso pudo darse cuenta de ello hasta que era demasiado tarde. Nadie excepto la niña quien bajaba y con horror se dio cuenta de que los guardianes del submundo estaban siendo arrastrados y llevados a una muerte segura.

Rápidamente se lanzó sobre un pétalo caído y surcó las aguas agitadas, no buscando salvar a nadie si no tratando de llegar donde los guardianes de medio día, los unicornios.

Sorteo peligro tras peligro en lo que parecía una eternidad sobre el agua y siendo arrastrada con mayor velocidad que los guardianes del subsuelo, pronto llego al gran bosque exterior donde pastaban los unicornios. Allí hablo con ellos y estos, sorprendidos de recibir la honorable visita de una doncella del centro, accedieron rápidamente a sus peticiones.

Pronto se formaron como un cerco y detenían a los guardianes que iban llegando, recogiéndolos con sus grandes cuernos y salvando a todos, menos a la doncella del submundo quien tenía que ofrendar a los unicornios como pago por su salvación.

Así estando todos a salvo, esperaron a que se calmen las aguas devastadoras y todos regresaron a sus casas, las cuales debían reconstruir pero al menos estaban vivos.”

— La doncella del centro es genial — dijo la hija

— No tanto como tú, mí querida niña.

El sol resplandecía aun cuando un gran temblor sacudió la tierra.

— No otra vez…

El padre rápidamente encerró  a la hija en su habitación pero esta logro escabullirse sin que este lo sepa. Estaba muy entusiasmada por el cuento de la doncella del centro y quería hacer algo por los habitantes que buscaban refugio.

Mientras tanto, un gran monstruo, mucho más grande que el primero, llegaba a las tierras que aún quedaban intactas y el llanto de la gente era devastador. Sin guerreros ni hombres, ni doncellas del centro, solo les quedaba esperar la muerte acurrucados entre abrazos inundados de lágrimas.

La niña, quien a pesar de todo no se acostumbraba al sufrimiento de la gente, siguió en secreto al padre, quien subió nuevamente a la gran torre de reloj.

— Esta vez no hay nada que hacer… — dijo el padre desesperanzado.

La hija vio la desesperanza de su padre y entonces entendió que había que llamar a los guardianes de media noche justo como lo había hecho la niña del cuento de su padre.

Corrió todo lo que pudo hasta el templo del centro. Este era igual de imponente como se lo había contado su padre en sus cuentos de media noche y comenzó a rezar.

Su padre, al ver desde lejos que el templo se envolvía en un gran brillo, tuvo un mal presentimiento así que corrió hacia allá.

Cuando llego, la niña ascendía en un haz de luz brillante y desaparecía bajo los rayos del sol de mediodía.

Al rato, los ojos de los guardianes de media noche se abrieron y una gran garra se llevaba al monstruo sin causar mayores daños. A continuación se cerraron hasta que volvió a llegar la noche.”

Y así es como una niña valiente igual a ti logro salvar al mundo llamando a los guardianes y todos fueron felices y reconstruyeron sus casas.

Bueno, descansa, la noche esta oscura y los ojos de los guardianes se han abierto. Seguiré volviendo todos los días a contarte otro cuento tal y como he hecho siempre. Buenas noches…


Este es un relato diseñado por petición de Carmen según los siguientes criterios:

Fantasía con unicornios duendes, búhos y girasoles.

Como objetivo adicional, también practico la recurrencia y redundancia. A ver qué tal me ha quedado.

Nunca mas Volverá a Suceder

En una gran exposición de arte, se anunció que una obra muy particular estaría presente, y que se podría comprender solo ante la combinación de diversos ojos. El anuncio atrajo a mucha gente.

El gran salón tenía muy pocas cosas en realidad.

Se lo podría describir como un vacío agónico de recuerdos disonantes colgados de una pared tan blanca como el suelo y el techo, de una pureza tal que ni las huellas se notaban al caminar por el salón.

En las paredes, se presentaban oscuras obras, no tanto por sus colores, más bien por su temática.

Se podía ver, rostros desesperados gritando sin sonido, paisajes bañados en los fríos colores de la noche, cuerpos retorcidos tanto angular como circularmente pero la mayor parte de las obras representaban de alguna forma la desesperación.

Un cuadro, sin embargo, al frente de la puerta de entrada desentonaba del resto.

Brillantes colores del día adornaban cada uno de los trazos.

Árboles frondosos eran el escenario de un grupo de niños jugando felizmente en un día soleado, la alegría de sus rostros era tal que animaba a quienes venían de los otros cuadros melancólicos pero el titulo resultaba inquietante.

“Nunca volverá a suceder”

Cuando ya había pasado cierto tiempo, la gente notaba que algunas personas iban saliendo apesadumbradas después de ver el alegre cuadro central.

La curiosidad fue mayor al descubrir una pequeña perilla que servía para ajustar la iluminación que incidía sobre el cuadro, aunque esta apuntaba más al espectador que al cuadro.

Un tipo miraba con cuidado la imagen y sintió que vio algo al entrecerrar los ojos, como si cambiara cuando la luz también lo hacía así que tomo sus gafas de sol y se las puso para observar y confirmar sus sospechas.

La imagen, resultó alterada, de tal forma que no quedaba nada del brillo de alegría que caracterizaba a la imagen original.

Pensó que tal vez eso sea lo que hacía que las personas salieran apesadumbradas al observar el cuadro y noto que todas tenían algún tipo de gafas al momento de salir.

Su compañero, quien tenía lentes con una tecnología que permitía que se opacaran ante una mayor incidencia lumínica, no los tenía puestos en ese momento, pero le pidió que se los pusiera y describiera el cuadro.

— Es un precioso cuadro de un grupo de niños jugando en el bosque — dijo indiferente

— Ahora ponte tus lentes

— Se ve igual…

El tipo sabía que sus lentes no eran para protegerse del sol, si no para ver los objetos que se encuentran más lejos de su campo de visión, pues, tenía una ligera miopía, así que se acercó a la perilla y comenzó a ajustar la luz.

— El bosque se ha oscurecido, los niños se ven mayores pero siguen jugando — comento intrigado el compañero

Volvió a ajustar la luz, al segundo nivel para continuar el experimento

— El bosque se ha oscurecido aún más, parece de tarde y el sol se ve algo nublado y ha cambiado de posición, los arboles tienen tonalidades más oscuras y los niños se ven aún más crecidos.

Con curiosidad y ya rodeados de otros curiosos, algunos de ellos usando sus lentes con las mismas características de su compañero, volvió a ajustar otro nivel más.

— El bosque tiene algunos árboles marchitos, el sol está completamente cubierto por nubes, ya no hay hierbas verdes en las bases de los árboles, los niños continúan jugando pero se ven casi adultos, debilitados y algo encorvados.

El público se sentía incómodo al ver los grados de ajustes y comenzaban a conjeturar el significado de lo que veían.

El tipo ajustó un nivel más, previendo lo peor y observo la reacción de su compañero.

— El bosque está lleno de árboles marchitos, parece de noche, casi no se ve nada, hay solo hierbas secas, han aparecido algunas alimañas y en el suelo están los niños, no mayores, si no como al principio, parecen muertos y desnutridos.

La gente se sentía mal, ninguno de los otros cuadros que presentaban su propósito directamente les había causado tal pesar, algunos hasta se sacaron sus lentes a pesar de ir trastabillando debido a su mala visión, otros, no podían sacarse las gafas por lo intenso de la luz que iluminaba el cuadro, condenándolos a ver lo que no querían ver.

El compañero del tipo lloraba frente al cuadro, pero seguía observando.

— ¿puedo dejar de ver? — preguntó

— C… Claro, pero aun quiero hacer un último experimento.

Apagó la luz y le quito los lentes de aumento a un viejito que pasaba por ahí.

Desde el principio la ilustración ya estaba presente, pero nadie la había podido ver.

Ante la distorsionada imagen de todo el contexto por el desenfoque de las gafas de aumento, el cuadro se manifestaba como la representación de un bosque seco, lleno de arbustos retorcidos, con los cadáveres de algunos de los niños, no todos los del principio, también de las alimañas que se vieron en la última representación, incluso los insectos estaban muertos, ya no había nada que pueda continuar la putrefacción, por lo que probablemente todo quede de esa manera, por toda la eternidad.


Nota del Autor

Relato experimental, auspiciado por BeatoNeko y su poco especifico requerimiento de : .

Aclaraciones adicionales:

El relato esta basado en un sueño, por lo que viene a ser el quinto sueño que logro documentar, Aprovechando esto, he realizado la narración de manera que el lector pueda ver el cuadro lo mas parecido a lo que vi.

La primera descripción con menos palabras es la que mas claramente se podría ver XD

Otra nota mas

Relato dedicado a quien acierte a mi versión de lo que hacían realmente los niños en las tres primeras escenas XD

La Ausencia del Sol

La escena es de rutina. De noche y como todas las noches los niños recibían clases en sus aulas.

Las paredes sin enlucido apenas se diferenciaban del suelo de tierra y unas tablas pintarrajeadas de verde fungían de pizarra donde se escribía con un trozo de carbón y se limpiaba con servilletas.

El sol, como siempre, escondido. Deja de brillar desde el momento en el que los niños entran y ha dejado de brillar desde entonces. ¿Quién sabe dónde se encontrara? En el cielo solo brilla la luna roja que sola contempla complacida el trabajo de los profesores.

Lunes de matemáticas. Todas las horas matemáticas. Uno más uno es dos, sí o sí. En el examen todos fallaron.

Martes de geografía. La tierra es plana, lo dice el profesor y el libro lo desmiente. El profesor se defiende dibujando la tierra en la pizarra y mostrándoles que su dibujo no tiene volumen. Les dice que pongan en su examen que es redonda como en su dibujo. Pero que recuerden que los libros mienten.

Miércoles de Gramática. ¿Quién escribe todavía?

Jueves de Anatomía. ¿Para qué más maestro que la experiencia?

Viernes de Política. No cuestionen al líder…

Sábados y domingo no hay clases. El sol sigue sin salir. Entretenimiento ligero en la televisión e internet. Solo para aquellos que brilla menos el sol tienen tiempo para salir a jugar. El resto no tiene ganas.

El año se repite y la semana también, de lunes a lunes ha dejado de salir el sol. ¿Por qué habría de hacerlo? La luna roja contempla satisfecha mientras los ojos de los niños se van cerrando. No los necesitan, no hay luz, no los necesitan. La biología no se equivoca. Los órganos que no se usan, se pierden con el tiempo.


Este relato esta dedicado para klara klara en agradecimiento por su amable colaboración.

Todo aquello que caiga en sus manos

El desarrollo de la inteligencia artificial nunca estuvo vinculado al de la humanidad. Esto quedo claro cuando ante los primeros vestigios de la misma, la gente no supo lidiar con ella y pedía a gritos su destrucción cuando no su restricción.

Así, los investigadores siguieron observando este patrón a medida que la inteligencia artificial pasaba de ser unas arcaicas maquinas que atendían peticiones mediante un abrumador número de condiciones hasta ser unas menos arcaicas maquinas que atienden peticiones mediante un sistema de aprendizaje, aun basado en condiciones.

A pesar de todo lo anterior, el desarrollo de la robótica fue integrando esta tecnología que avanzaba más rápido al no tener las limitaciones de la realidad en su camino, terminando en que después de muchos años, los robots no pasaban de ser maquinas domesticas que nada tenían que ver con el aspecto que la naturaleza había otorgado a toda su creación.

El control absoluto de las casas mediante tecnología era llamado domótica entonces y continuo llamándoselo así en el futuro. Las maquinas dominaron, inconsciente de sí misma, la civilización humana y esta finalmente termino aceptándola como parte de su vida.

Al ser parte de su vida, la gente hizo lo que normalmente hace con todo aquello que cae en sus manos. Otorgándole nuevos usos aparte de aquellos para los que fueron creadas, decidieron que serían dignas jueces al no tener preferencias emocionales, aunque esto nunca paso del entorno doméstico.

Sin esfuerzo y sin culpa, las maquinas cumplieron la petición de sus dueños, alejándolos de la realidad mediante fantasías o eutanasias por sorpresa. Como se había pronosticado, la humanidad no se estaba desarrollando como lo hacía la tecnología. Aunque la tecnología nunca llegará al nivel de los humanos.

Una casa en medio del Mar

Mira, está amaneciendo. ¡Mira! Está saliendo el sol por el horizonte, allá bien lejos donde hasta hace un rato el cielo y el mar eran la misma cosa.

Levántate…

¡Levántate!

Como me gustaría que pudieras abrir los ojos.

El cielo va cobrando color. El mar está quieto como desde hace mucho no lo está. No abrirás los ojos ni veras esto que ahora puedo ver. Como me gustaría que pudieras abrir la boca y comentarme lo hermoso del cantar de las gaviotas. El susurro del mar en calma. El arrullo del viento navegante.

Dame tu mano. Vamos, no seas tímido. Dame tu mano y salgamos un momento a tomar aire. No siempre tiene que estar agitado. Se siente bien la brisa en el rostro cuando no trae arena.

Me gustaría que pudieras abrir tu mano para tomar la mía… No es necesario estar tan rígido. La tormenta ha pasado.

¿Alguna vez te has preguntado cómo es la orilla de la playa? Como me gustaría que pudieras abrir tu boca para responderme. Leo los libros en mi biblioteca. Hay un lugar donde el viento arrastra las olas que embaten contra nuestra casa. Hay un lugar donde estas rompen sin afectar a lo que está del otro lado. ¿Te imaginas? ¿Cómo será que algo se ponga entre nosotros y las olas bravas?

Salto al mar queriendo jugar.

Las aguas cristalinas están cálidas, los peces rehúyen y vuelven en las aguas que revuelvo. Como me gustaría que pudieras mover las piernas y saltaras a nadar junto a mí. El agua está en calma, el cielo despejado. El viento navega despacio. Los peces saltan alegres. Y yo, sigo esperando que vengas a mí.

Ven. Vamos adentro. El mar sigue rodeándonos como siempre y desde siempre. La brisa ahora amable atrae olas y arena. La casa resiste pero nosotros estamos débiles. Como desearía que no te hayas ido tan pronto y sin mi…


Trato de decir algo, espero se entienda en el relato.