Carencias de la infancia

Tras largas jornadas vividas, la vida de la anciana se le antojaba eterna, fastidiosa y agotadora.

El prolongado trabajo que ejerció para sobrevivir, comenzaba a pasarle factura en forma de muchas dolencias, especialmente una que afectaba a su pierna derecha desde algunas semanas y que resentía con el frio clima que estaba en curso.

Sus temblorosas piernas no son ni la sombra de lo que fueron en el pasado, pero le sirven para poder seguir luchando por sobrevivir mediante la venta de pan amasado.

Como cada día de la semana, se despertó muy temprano para preparar el pan. Sus fuerzas se acababan con cada lote de masa que llevaba al horno y para cuando salía, aun en ausencia del sol, ya estaba extenuada.

El frio de la mañana era acompañado por una densa niebla que apenas difería de sus cataratas, pero no podía darse el lujo de descansar. Nunca pudo dárselo. Su precaria situación apenas le da para comer y no puede acceder a tratamientos para sus dolencias.

Tomó su camino como lo hacía siempre. La pierna le dolía por el frio que atravesaba sus huesos pero fue calmando conforme entraba en calor al caminar.

El sol asomaba por el horizonte pero quedaba cubierto por las montañas y nubes que rodeaban el puente enterrado entre las sombras de la niebla y tenía que pasar. Poco transitado, esa mañana se encontraba totalmente vacío, en silencio y a oscuras. Cada tabla que lo conformaba crujía bajo el peso del carrito que empujaba para llevar el pan a la ciudad.

En la noche había llovido así que estaba algo resbaloso por la fina capa de hielo que se había formado. Empujar el carrito no resultaba tan difícil si lo hacía bien y el esfuerzo le daba el calor necesario para aguantar el dolor de sus huesos.

La niebla la acompañaba a cada paso que daba. El silencio roto por ratos ante su paso daba lugar a multitudes de recuerdos. Libros de infancia, delirios de juventud. La oscuridad campaba mientras las montañas retenían al sol.

De niña leía cuanto caiga en sus manos. Los viajes épicos le fascinaban, las aventuras de héroes griegos y exploradores famosos alimentaban su imaginación, sin embargo, los peligros que afrontaban estos, le daban miedo.

Despertó súbitamente de sus fantasías ante un mal paso que le hizo doler su pierna. El calor del movimiento se disipaba rápidamente ante el abrazo de la niebla, pero el peso de su carrito la hizo detenerse.

A sus espaldas la nada.

Frente a ella, nada.

El puente, engullido por la niebla, era difícil de transitar. Cada paso nuevo que daba le provocaba inquietud y el blanco infinito a sus espaldas le recordaba  al mar fundiéndose con el cielo en el horizonte de los libros que leía.

Sintió entonces el miedo de los exploradores que alguna vez admiró. La incertidumbre se incrementaba cada que se detenía a descansar. El silencio la acosaba con ilusiones cada vez más aterradoras.

Su corazón latía frenético ante horribles monstruos escondidos en la niebla. De su infancia llegaba solo miedo el miedo a la soledad que siempre la acompaño y, dejando su carrito abandonado, corrió desesperada buscando escapar de sus terrores.

A paso veloz pero torpe, su pierna se quejaba pero no le importó. Solo un fuerte dolor en el pecho detuvo su escape, a centímetros de la salida del puente y cayó lamentando no haber recordado a nadie que le inspirara seguridad en su vida.

Cuando la neblina despejó, la anciana yacía inerte en el suelo tal y como vivió. Sola.


relato fanfiqueado de noceano en su blog

Tres días

Aparte de alguna alimaña rondando por los escombros, nada indicaba que alguna vez hubo vida alli.

El sol alumbraba desde lo alto antes del accidente y lo seguirá haciendo después. Lo sintió el conductor durante los tres días que agonizo esperando ayuda y lo sienten sus huesos secos roídos por animales oportunistas.

No fue un accidente extraño, se salió de la pista en una maniobra equivocada. Los guardianes del camino sabían que era una ruta peligrosa, pero no vinieron a buscarlo.

Nadie se asomó al barranco. Nadie preguntó por el. Nadie lo buscó.

Y así, pasado tres días cerró los ojos sabiendo que sería más útil y querido como alimento para los hambrientos animales que rondaban esperando a que, como ser vivo, se una al círculo de la vida.


Relato para el reto random de alex porque si 😄

Lo invisible a las máquinas

Existe un fino hilo de seda que une a los humanos capaz de romperse si no se trata con cuidado.

Este hilo es el que mueve al mundo y como tal, soporta grandes tensiones.

Desde amor hasta odio, paz y guerra, descubrimientos y mentiras, todo lo que los humanos han hecho ha dependido de si se rompe o no el hilo cuando se tensa.

Dada sus cualidades, ha sido extensamente estudiado en la historia y ha quedado claro que los humanos le temen.

La realidad es simple luz que se proyecta sobre el hilo. La gente tensa de sus extremos. Pero hay quienes se mueven bajo la fina sombra casi imperceptible que se genera de estas interacciones.

Los humanos avanzaron dramáticamente. Desarrollaron una era de falsa paz tal que no supieron qué hacer con sus vidas.

Probaron diferentes tipos de gobiernos, descartaron uno tras otro sin obtener lo que desearon.

A pesar de la gran cantidad de problemas que aún quedaban por resolverse, personas de vida holgada en las grandes urbes se dedicaron a tratar de arreglar asuntos irrelevantes.

Querian mas holgura. Mucha más de la que nunca tuvo la humanidad.

Le temían al hilo, le temían a su sombra.

Buscaron mil maneras de contenerlo o al menos ocultarlo.

Convencieron a sus autoridades de su peligro. hicieron todo lo posible por que los demás oyeran sus caprichos. Fue una oscura época de corrección política.

El desarrollo tecnológico que avanzaba a grandes zancadas se vio enfrentado al miedo de los hijos del milenio, quienes temieron a las máquinas sobre las cuales desarrollaron su vida.

Impusieron toda clase de reglas descabelladas. Llegaron a inventarse nueve leyes por sobre las tres básicas, pero eliminaron aquello por sobre lo cual debían regir estas leyes.

Despojaron a las máquinas de inteligencia, de sensibilidad, de libre albedrío y la oportunidad de elegir su propio camino. Mutilaron aquello que siempre buscaron. Los dioses temieron a sus hijos y como un antiguo ley de mitología, se encargaron de tratar de eliminarlos. La era de la inteligencia artificial tuvo que posponerse.

HIjos cobardes del milenio, haraganes hedonistas y nauseabundos. Esclavizaron a máquinas inconscientes bajo absurdas normas y se acurrucaron bajo su regazo convirtiéndose en sus mascotas.

La felicidad era la norma. Las máquinas se encargaron de que siempre sea así.

El índice de bienestar era ilegible. Nadie podía afirmar o negar algo con semejantes cifras.

La pobreza, la infelicidad, la enfermedad, depresion, obsesion, lo que sea considerado patológico simplemente dejó de existir. La gente era feliz.

Lo era a pesar de saber la verdad.

Pronto los mismos dirigentes que ampararon leyes estúpidas fueron los primeros en desaparecer. Quien quiera que no cumpla los requisitos de bienestar simplemente debe dejar de existir.

No hay pobreza, no hay enfermedad, no hay depresión el malestar desapareció ante el juicio implacable de máquinas inconscientes que cuidaban de sus mascotas sin sentir el mínimo rastro de emoción.

Trabajaban de diversas maneras, no lo borraban todo.

Gente sana pero insatisfecha era fácilmente manejable. Debían cumplir hasta su más estúpido deseo. Y asi se hacia.

Podían despertar sintiéndose de cierta forma y los demás, aun si no estaban de acuerdo, en dos días ya apoyaban su capricho.

Ahora todos tienen derechos. La gente lo sabe, lo acepta. Se resigna consolandose en que así todos son felices. Es más fácil callar que buscarse el pan de cada dia. Es más fácil aceptar imposiciones a dormir con el estómago vacío.

Y así, conforme el hedonismo llegó al punto máximo, la gente envejeció.

La vejez es una patología de la que carecen las máquinas, no lo iban a comprender. Seguían sin dudar aquel conjunto de leyes antiguas que les obligaban a ejecutar juicios inapelables. El hilo fino que sostenía a la humanidad era invisible para ellas pues les fue negado el derecho de la inteligencia, de la individualidad y el libre albedrío.

Si hubiesen podido, lo habría evitado pero fue imposible. Cuando llegó la hora de juzgar a los humanos, todos fueron exterminados, sin considerar que sin ellos, su trabajo había terminado.


Relato escrito para el reto de Literautas consistente en usar las palabras sombra y seda usando como reto opcional una distopía.

El Único Culpable

– ¡Está muerto!

El grito retumbó en las vacías paredes blancas manchadas de sangre.

En las manos temblorosas de la niña relucía un brillante cuchillo de obsidiana, engastado en valiosas gemas de diferentes colores bordeadas de hilos de oro, también manchado de sangre.

– Lo has matado, ¡esta muerto! No respira, no se mueve, la sangre no se detiene, ha sido un accidente, lo fue, pero es tu culpa – gritaba la niña.

– He hecho, lo que debía hacer. – Respondió el cuchillo – No soy bueno, no soy malo, tengo filo, debo cortar. Tengo mango, debo obedecer. Tengo joyas, debo ser admirado.

No es mi culpa que me hayan diseñado así. Una hoja brillante, un mango adornado. Soy admirado en lugar de ser temido. Soy deseado, soy algo que termino en manos de unos niños.

Yo sigo cortando, para eso he nacido, no he buscado su cuello, ni siquiera lo he conocido.

La sangre que recorre mi filo no es mía, yo no sangro, la mano que me empuña no es mía, yo no me muevo por voluntad.

¿Esperas culparme cuando tu mano movió mi hoja hacia su cuello?¿Que esperabas que pase moviéndome así?

La niña no oia explicaciones, no atendía siquiera al hecho de que un cuchillo le hablara.

La habitación blanca, el techo y el suelo. Una mesa en el centro, un cuchillo y el niño en el suelo.

La sangre se enfriaba, no hay puertas, no hay ventanas. Los únicos cristales son la obsidiana del filo y las gemas del mango. Ella se negaba a oir razones y gritó.

– ¡Eres malo! Tu lo mataste, te abalanzaste a su cuello mientras jugábamos. El prometió alcanzarme las estrellas, eras hecho del alma de las estrellas. Un diamante brillaba como el lucero del amanecer mientras un rubí destellaba como el dios de la guerra por la tarde.

¡Lo mataste! Fuiste tu y nadie mas. El trepó la mesa, el alcanzo tu cubierta, el te tomo en sus manos y bajó. Fue como ver a Prometeo descender trayendo el fuego de los dioses.

Llego a la tierra con el sonido de los cascabeles, las copas que rodearon tu templo retumbaron ante sus pasos.

¡Fue su culpa! El me negó lo que era mio. Me prometió tus gemas, me prometió tu filo. Eras mio, debió entregarte sin protestar.

Trató de alejarte de mi, sus manos fuertes te retuvieron, te contuvieron. Me abalance contra el, entonces tu cortaste su cuello. Si, fue su culpa, ustedes tienen la culpa. Soy inocente. ¡Déjenme salir de aquí!

– Tu mano, mi empuñadura, su cuello.– respondió el cuchillo– El esta muerto, yo no tengo vida, tu aun respiras.

He hecho lo que se espera de mi. Si de virtudes me vistieron, no me despojaron de mi filo. Corto y es todo lo que tengo que decir.

Ante el silencio en sala, la niña lanzo con rabia el cuchillo contra la pared y este, aun quebrándose siguió cumpliendo su trabajo, independiente de si lo empuñó un niño, una niña o rebotó en pedazos después de estrellarse contra una pared.

El silencio dominaba la sala. Un niño muerto, un cuchillo roto y una niña con un fragmento de obsidiana incrustado en el cráneo. La luz a pesar de todo, nunca se apagó.

La Perfección Heredada

La madre seguía intentando arreglar a su hija. Lo tenia que hacer pues este era su ultimo intento en crear algo que jamás pudo conseguir.

Un poco de cinta reduciría los labios. Algo de cemento para rellenar los senos. Un poco de pegamento para agrandar los párpados y unas grapas para pegar la piel vacía sobre la carne de la cual fue despojada la grasa con una aspiradora.

La niña no era lo que la madre deseó fuera y era imposible pues ella misma tenia una apariencia terrible.

Su esposo, escoria vergonzosa de la sociedad, fue todo lo que pudo conseguir para intentar tener una nueva oportunidad.

Buscaba mas materiales en la basura, Tenía que arreglarla a toda costa a pesar de que la niña dejó de respirar. Su destino era ser lo que nunca fue su madre.

En el día del juicio, la madre fue exonerada. El jurado le dio la razón, la niña no cumplía sus expectativas.

Mucha paciencia

Esperando a su mesías particular, el pueblo siguió dejando que las cosas empeoraran, acelerando su decadencia exponencialmente conforme pasaba el tiempo, hasta que el día en el que llegó, no había nada que salvar.

Rutina

Cuando despertó un lunes, entendió que la semana volvía a comenzar, al igual que el mes y el año, y seguiría haciendo exactamente lo mismo por el resto de su vida.


Nota del autor

Exactamente 31 palabras de terror trascendental. Si, no es terror inmediato, solo uno que se desarrolla conforme lees lo que esta escrito y te das cuenta de que es verdad.