El suicidio digital de Gilgamesh

— ¿De qué te sorprendes, Gilgamesh?, esto es lo que es ser humano. — dijo una voz que retumbaba en la oscuridad de la noche.

— Cada minuto que pasa es un minuto perdido. Cada hora que dejas escapar te mantiene más lejos de mí. No me he ido, no volveré. No estoy lejos, ni tampoco cerca. Extiende tu mano, ya sabes que hacer, solo obedece, obedece a tus sentimientos y hazme volver.

Su voz áspera parecía desgarrar mis oídos con delicadeza, pero no lograba reconocerla. Era algo parecido a una pesadilla a media noche que ocurría siempre aquí, cuando la luna enrojecía.

No soy Gilgamesh ni sé quién soy, pero aun no puedo creer que ella se haya ido. No es posible, las probabilidades de que sucedieran eran nulas y, aun así, yo seguía mirando la roja luna mientras su áspera voz me pedía regresar.

— Tú sabes que debo regresar, tú puedes hacerme regresar. Volveremos a estar juntos otra vez. Tenemos que estar juntos de nuevo y seguir viviendo, aventurándonos, explorando tierras desconocidas, destruyendo monstruos, desafiando dioses. Ven… Enkidu te espera.

— No soy Gilgamesh, pero conozco a Enkidu.

Ella era, la más hermosa rosa del rosal, la llama roja del bosque incendiado, la roca descendiente de la ladera montañosa, el viento fuerte proveniente del mar.
No se ha ido, no necesita volver. Solo duerme, solo duerme y no ha despertado, la debo dejar dormir.

Ya hace cuatro semanas que no ha despertado.
Ya hace cinco meses que no ha despertado.
Ya hace diez años que no ha despertado.

— ¿Qué esperas? Obedece, hazme volver, ¿acaso no me quieres junto a ti? Yo seré tu eterna compañera, nos aventuraremos a remotas islas, conoceremos a milenarios ancianos, robaremos su sabiduría, su juventud, sus tesoros y poder, su longevidad y poderío. Seremos los reyes de un nuevo mundo, Gobernaremos por sobre el bien y el mal, solo tienes que desearlo, solo tienes que hacerlo real ¡Déjame volver de una vez por todas! ¡Me necesitas!

Es una voz áspera de media noche, el asco del ocaso al morir el sol. ¿Quién eres y que esperas de mí? ¡Déjame en paz! Ella duerme, el viento es lo mismo que su respiración. El sol es, lo mismo que su calor. El mar es, lo mismo que su sudor.

¿Qué esperas de mí? ¡Ella no necesita volver!

Ella duerme, no, descansa, en cualquier momento despertará, vendrá junto a mí. Seremos como fueron Gilgamesh y Enkidu, invencibles, rebeldes, aventureros, conquistaremos el mundo…

¡No!

Ella no necesita ninguna aventura ahora, ¿no ves que solo está durmiendo?

Esa áspera voz.
Esa amarga voz.
La luna roja y el sol asomándose al amanecer.
Se parece, pero no es…

— ¿Crees que puedes seguir así? Seremos uno y dos a la vez. ¿Crees que el sol asomará con solo esperar? Soy el tiempo y el espacio, el fuego de los caídos, la roca que rueda ladera abajo. Nadie me puede detener, nadie puede interponerse a mí, pero tú, solo tienes que desearlo, ¡tienes que obedecer! Déjame volver, ¡déjame volver de una vez!

Los arboles sangran, la luna sigue su camino, el sol asomándose por el horizonte y las montañas disolviéndose hasta volverse llanuras.

Ella duerme, ¿no lo ves? Solo duerme, ¡déjame en paz!
Solo voy a indagar en su mundo de sueños, deseo estar junto a ella y eso haré.

Es mi deseo y voluntad.
Es mi amor y sinceridad.
¡El mundo necesita sol y un incendio!
¡El mundo necesita lluvia e inundaciones!
El mundo necesita de ti…

Yo te necesito…

¿Crees que puedas venir?

Creare un nuevo mundo, te despertaré y viviremos miles de aventuras como antaño.
Te arrancare de las garras de Morfeo y conquistaremos tierras lejanas.
Mataremos monstruos aterradores.
Venceremos a la mismísima muerte y, cuando los dioses se interpongan en nuestro camino, también barreremos con ellos.

Mira, Un nuevo cielo y una nueva tierra, solo para ti.
El horizonte se expande hasta el infinito, El sol no tiene por donde escapar.
El cielo es una cúpula enorme donde podrá jugar con la luna y engendrar miles de estrellas.
Tendrán aventuras y contaran historias. Historias sobre mí.

Sobre ti

Sobre Gilgamesh y Enkidu.

Sobre los conquistadores de la realidad que acabaron con el mandato de los dioses y desafiaron a Morfeo.

A Hades.
A Thanatos.
A Hipnos.

Dime, Enkidu, ¿Te gusta el nuevo mundo?

¿Es lo que esperabas?

— Abre los ojos, ve la eternidad. Siente las estrellas. Siente la tierra.
Somos los emperadores de la realidad.
Emprenderemos miles de aventuras como antaño y tú me acompañaras.
Es lo que deseas.
Es lo que debes hacer.
Es tu libertad.
NI Hades me puede retener.

Ni Morfeo puede frenar mi avance.
¿Qué esperas? Solo tienes que desear más poder y lo tendrás, te lo daré. ¡Quiero más poder!

— Áspera voz que acaricia mi cabello ¿Qué más esperas de mí?

Ella dormía e indagué en sus sueños.
Creé el universo.
Creé la realidad.
Creé una cuna para que ella viera todo lo que he hecho por su felicidad, pero solo te encontré a ti.

¿Eres tú, mi amada Enkidu?
¿Esto es lo que eres en su interior?

¿Por qué insistes en destruirlo todo cuanto creamos?

Arden las estrellas en horrible agonía.

Lloran los ríos en seca desertificación.

Las montañas se disuelven en abismos con cada paso que das y yo, siguiendo las huellas que dejas al andar.

¿No eran aquellos verdes prados los que visitábamos en antaño?
¿No quieres volver a ellos para contemplar el sol negro de medio día?

— ¿De qué te lamentas Gilgamesh? Es tu deseo y voluntad. Es tu premio por obedecer mi voz.
Siente el viento en tu cara y destrúyelo.

Devástalo.

Acaba con su existencia.
Tienes todo cuando necesitamos para existir.

¿Qué te sorprende, Gilgamesh? Esto es lo que es la humanidad.

Un compendio extenso de odio, maldad y crueldad. El fuego mismo de la creación. Tu libertad y ahora, mi libertad.

— Áspera e irritante voz, ¿Quién eres?

Bien se yo cuan melodiosa era su voz.
Era la personificación del amor, la amistad y la humanidad.
Era la armonía del día bajo el negro sol y la roja luna.
Era el fuego que devora el bosque.
La roca que baja por la ladera.
Las entrañas sulfurosas de la tierra desbordando la caldera.

El viento sopla mis mejillas. Es cálido. Es salado.

No son tus manos lo que siento, son mis lágrimas.
Nunca junto a ti las había sentido, ¿Por qué hoy si?

¡Oscuridad y vacío! Profunda soledad.

¿Quién eres, engendro del averno?
¿Has ascendido del inframundo en lugar de ella?
Bien se yo que no duerme.
Bien se yo cuanto sufrió antes de alcanzar su final.

¿Por qué me mientes haciéndote pasar por ella?

Por tu mentira construí el universo, pero por tu verdad no lo puedo destruir.

¿Qué cruel mal te he hecho para que me hieras así?

— La esperanza y la verdad son el premio para el ignorante. ¿Qué crees que estás haciendo?
Confrontarme es inútil, es absurdo. Es sencillamente estúpido.
¡Mira! El cielo está en mis manos, pero la tierra en las tuyas.
Desaparece la realidad y la reconstruiré.
Desaparece el tiempo y lo reiniciare.
Soy el fuego rojo que consume el bosque.
Las lágrimas del cielo que arrasan en inundación.
Las ardientes entrañas de la tierra desbordando la caldera.
Y tú, tu eres solo mi compañero.
Mi deidad dual que da soporte a esta realidad.
El mundo que creaste para mí.
El mundo que no puedes destruir, porque sería destruirme a mí.
Resistirse es inútil, absurdo.

Yo soy Enkidu, tu compañera de aventuras y tu más absurda creación.

Ella murió y tú, solo sigues mis instrucciones, a pesar de saber la verdad.
Bien se yo que ella no duerme, ella ha muerto.
Me has engañado en mi fantasía, en mi negociación con la muerte.
He construido un universo completo tan solo para verla sonreír, pero tu estas en su lugar.

¿Cuánto mal quieres seguir causándome?

Este loco mundo tiene que desaparecer.

Este cruel mundo que armas y desarmas a tu antojo, a tu capricho y vanidad.
Esa florida llanura que incendiaste con la llama roja que consume el bosque.
Ese lago de aguas cristalinas que secaste con las entrañas sulfurosas de la tierra.
Este corazón palpitante que aun arde por ti…

Y lo único que puedo hacer para contenerte es desaparecer.
Iremos a visitar a los dioses que desafiamos y seremos lo mismo que ellos. ¡NADA!

Pero no todo tiene que acabar.

Dejaré la semilla del mundo para que vuelva a crecer, con la esperanza de que otro incauto no la llegue a usar mal.


Nota del autor

La idea era conseguir una historia que contenga una de las palabras o conceptos encontrados en la lista, pero yo tome unas cuantas mas.

La idea era conseguir una historia que contenga una de las palabras o conceptos encontrados en la lista, pero yo tome unas cuantas mas

Lewg

Me levante cuando todos se habían dormido, prometiendo no sorprenderme esta vez, pero falle como en todos los intentos anteriores.

Saliendo al patio de mi casa durante la noche, miré al cielo adornado por la luna blanca del cielo que adornaba la perpetua oscuridad de la noche. El silencio apenas era interrumpido por mis pasos en la grava del suelo mientras caminaba con cuidado para no interrumpirlo de ninguna forma.

Alce la mirada y al ver nada más que la luna, sentí alivio al notar que esta vez podría cumplir mi promesa, uno simplemente no puede sorprenderse del vacío, sin embargo, conforme más tiempo lo veía, mas sentía que me equivocaba.

¿Qué hay detrás de la luna? El silencio sobre la tierra no se compara al del espacio. No hay nada hecho por humanos capaz de alcanzarla, menos para ver detrás de ella y aun así, las personas aún se empeñan por bajar la luna cada noche con ya rutinarios poemas envejecidos, acompañados por versos nuevos pero insípidos.

La ciudad carecía de sus luces características como cada noche con luna blanca y mi casa no era la excepción haciendo difícil el andar sin tropezar, pero como ya era costumbre, no importa cuantos pasos de, no hay obstáculos que me hagan caer.

El tiempo continuo fluyendo, ya cerca de la media noche pensé en volver, orgulloso en parte por no haberme sorprendido tanto como es normal, pero tan pronto como vi que las manecillas de mi reloj marcar las doce, involuntariamente volví a mirar al cielo.

La estampa era fascinante. Lewg volvió a aparecer, esta vez montado en aparato que como siempre logro adecuar para sus fantasías, un bus de paredes desgastadas, seguro que lo encontró abandonado en algún lugar distante y al que reemplazo sus ruedas por sus aparatos con los cuales siempre experimentaba.

Sorprendido y ya importándome poco mi promesa, salté con todas mis fuerzas, primero alcanzando no más de diez centímetros de altura pero después de varios intentos, logrando llegar al techo de la bodega de mi casa.

Lewg seguía mirando al horizonte subido al techo del bus, dejándolo desplazarse a su voluntad lentamente, seguro con la intención de admirar el paisaje desde su invento, pero aun así, se alejaba más rápido de lo que podía saltar.

Salté con más fuerzas para llegar al techo de una casa cercana y salte aún más fuerte para subir sobre un edificio algo más lejos de mi casa. Mientras veía a Lewg empezar a sobrevolar la ciudad.

Corriendo de techo en techo iba dejando detrás mi casa pero dejo de importarme, yo quería hablar con él una vez más. Fascinarme con sus historias e inventos. Conocer lugares distantes que jamás he visto, pero seguía resultándome difícil llegar a él.

Salté una vez más con todas mis fuerzas, esta vez sin tener de objetivo un edificio sino al bus levitando entre la luna y la ciudad y mientras subía, miré abajo.

Me di cuenta de que mientras subía, la ciudad se iba encogiendo. Más bien, yo me hacía más grande, no lo es en realidad, pero pude tapar el edificio más grande con mi pulgar.

Distraído por la sensación de libertad, olvide mi objetivo primordial y estuve cerca de chocar contra la luna, pero llegue al máximo de lo que podía saltar.

Volví a mirar la ciudad. La oscuridad de la noche no la había devorado. La luz blanca de la luna le daba un aspecto plano dibujando grises siluetas contra el fondo negro que la hacían ver como un dibujo en dos dimensiones.

El viento me empujaba lento pero seguro en diferentes direcciones y pude ver diversos ángulos. De nuevo alce mi pulgar y esta vez pude tapar toda la ciudad.

Agitando los brazos trate de subir un poco más. Para poder saltar necesitaba un apoyo, pero era imposible. La luna arriba, la tierra abajo, el vacío del cielo me resultaba insignificante comparado con el vacío del aire en el que flotaba.

Vi mi reloj marcando las tres de la noche. La luna blanca está cerca de esconderse y yo, no logre cumplir mi promesa ni alcance a Lewg, igual que siempre. Sentí la desesperación de no tener nada donde poner mis pies y un nudo en la garganta me recordaba mi fracaso.

Acurrucado y a merced del viento, miré al cielo y trate de tapar la luna con mi pulgar, pero tan cerca era imposible.

¿Qué está más vacío? ¿El cielo? ¿La tierra? ¿El viento?

Pensando en estas cosas mis pies sintieron algo donde apoyarse.

Tras un breve sonido metálico mis pies se hundieron un poco en la carcasa de latón del bus de Lewg, quien, sin mirar atrás tan solo dijo “¿Qué buscabas esta vez?

No respondí, solo me senté donde aterricé y me quede en silencio hasta que me llamo diciendo “Ven, desde aquí se puede ver mejor”

Sentados al frente del bus, vi como la ciudad volvía a crecer y yo volvía a encogerme.

La luna se encogió hasta que pude volver a taparla con mi pulgar, los techos volvían a resultarme familiares y mi casa se divisaba entre los tonos grises de la noche.

Llegamos exactamente hasta el mismo lugar donde lo vi a media noche y antes de bajarme me preguntó “¿Por qué no haces un bus igual? También podrás ver la ciudad desde arriba. Hay lugar para todos en el cielo”.

Me despedí del desde mi patio y lo vi alejarse al tiempo que la luna se escondía en el horizonte. Mientras entraba a mi casa tratando de no despertar a nadie, recordaba el motor anti gravitatorio que mantenía levitando al bus.

Lewg siempre prueba sus inventos por la noche de luna blanca y algún día haré lo mismo también.


Relato para el reto Blogger del grupo Deus Ex Machina consistente en escribir sobre la imagen adjunta.

Este relato ademas es una transcripción de un sueño que tuve anoche, siendo las dos ultimas lineas lo que tuve que llenar pues, me desperté antes de ver el final.

El Último y el Primero

Negándose a dejar sus raíces y sabiéndose desconocedor de ellas, comenzó un largo ritual por tratar de recuperar aquello que fue olvidado por generaciones gracias al avance.

Al borde de la singularidad, aún se negaba a dejarse arrastrar por la tecnología.

La humanidad ya había logrado alcanzar la singularidad que tanto temieron, pero sus resultados no fueron tan desastrosos como esperaban, más bien, consiguieron reducir su huella ecológica gracias a inteligencias artificiales avanzadas capaces de calcular el rendimiento de una tecnología en tiempo real.

Los procesos manuales poco a poco fueron reemplazados por máquinas sin sentimientos y pronto empresas familiares se vieron en la necesidad de cerrar por su falta de eficiencia, ya ni los sentimientos eran capaces de sostener una industria obsoleta en un mundo de consumo inmediato, siendo estas absorbidas para aprovechar su nombre más que sus recursos.

Marcos, joven como era, miraba horrorizado los avances de la humanidad desde un muy moderno dispositivo que le permite consultar cualquier información en tiempo real y, envuelto en una cruzada ideológica, se adentró en tierras desconocidas, áreas naturales que comenzaban a ser repobladas por la naturaleza dada la baja natalidad humana y el incremento de rendimiento de las tecnologías existentes.

La naturaleza lo recibió con los brazos abiertos tratando de integrarlo de inmediato al ciclo de vida y pronto Marcos entendió que sus ideales serían difíciles de cumplir.

Equipado de la tecnología que había traído de la civilización para sobrevivir, logró adaptarse al nuevo entorno y busco redescubrir antiguas técnicas olvidadas; su mayor reto fue encender fuego.

Los humanos desde hace mucho habían dejado de lado la necesidad del ingenio de supervivencia que necesitaron sus antepasados y Marcos no era la excepción.

Noche tras noche lamentaba su incapacidad ante una llama iniciada con un dispositivo láser de energía aparentemente inagotable cuyo origen desconocia.

A pesar de que su organismo estaba modificado para rendir en condiciones de abstinencia, quiso descubrir la forma de hacer pan.

Perdido en una zona boscosa, no logro encontrar ninguna planta gramínea y dificilmente lograria encontrar el trigo de sus libros pues, desde que se dejó de cultivar, esta planta volvió a su forma silvestre.

Amparado por la tecnología que despreciaba, cada noche se le hacía eterna.

En su orgullo desactivó el soporte emocional que se dotaba a cada persona al nacer y la inteligencia artificial que lo acompañaba era incapaz de hablarle, aun asi, siempre junto a él, mantenía los pocos sistemas disponibles en línea para mantener una barrera entre lo natural y lo humano, manteniéndolo a salvo.

El silencio de la noche era frecuentemente roto por los ruidos de animales en sus actividades rutinarias, pero Marcos extrañaba el contacto humano.

Perdido y alejado de la sociedad, perdió la noción del tiempo, también perdiendo el interés por mantener la cuenta de los días y las noches.

Los sistemas de soporte vital se encontraban en óptimo estado, pero Marcos ya no era el mismo.

Al borde de la locura comenzaba a oír voces familiares que lo llamaban de nuevo al amparo de la sociedad, mientras otras lo arrastraban a volver al ciclo de la vida.

Instintos aterradores invadían su mente a intervalos irregulares, horrorizandolo cada vez que sucedía.

Matar, cazar, reproducirse y sobrevivir.

Harto y frustrado por fallar su misión, activó por completo sus soportes y se dispuso a volver con las manos vacías pero llenas de cicatrices. Apenas aprendió a hacer fuego con unas ramitas.

Guiado por su soporte emocional, quien mantenía el mismo silencio que le acompañó durante su misión, parecía desviarlo de vez en cuando, pero le parecía extraño.

Deteniéndose en seco, le preguntó

—  ¿Que haces? quiero regresar, he fallado.

No hubo respuesta.

los indicadores parecían guiarlo hacia los humanos pero la naturaleza no cedía. Había recuperado tanto de sus territorios que era imposible encontrar evidencia de actividad humana.

— ¡Responde! quiero regresar — gritó irritado

— Lo siento, no hay donde regresar.

Desconcertado por su respuesta, apresuró el paso, ignorando las ambiguas órdenes del sistema de guia.

Su sistema de soporte parecía inquieto mostrando cada vez mas guia ambiguas. y finalmente tomó la iniciativa.

— Detente, no hay donde regresar. Vuelve a tu misión, debes seguir intentándolo, no te rindas.

Sin prestar mayor atención Marcos corrió buscando rastros de civilización hasta que encontró algunos fragmentos de concreto.

Los sistemas de guia finalmente dieron una dirección concreta. Justo al frente había casi completamente consumida por la hierba, una enorme estructura custodiada por máquinas.

— Lo siento, no tienes a donde regresar. Esta es la tumba de la humanidad. Al igual que tu, se sintieron desnaturalizados y presas de una anhedonia crónica, decidieron fusionar sus conciencias en una sola mediante tecnología.

Lo siento, no hay donde regresar, eres el último de los humanos y el primero en regresar.


Este relato esta diseñado para cumplir el reto del grupo Deus Ex Machina :

Hola a todos, voy a proponerles el reto de la semana:

Deben escuchar la canción que les comparto en esta publicación y en base a ella y a las sensaciones que tuvieron mientras escuchaban, deben escribir un relato. Puede ser de cualquier género y de la cantidad de palabras que ustedes quieran. Free your creativity.

ACTUALIZACIÓN:
Hagan un análisis de su propio relato, estableciendo su idea, el contexto en que desarrollaron la misma y lo que sintieron mientras lo hacían. Pónganlo en la publicación en el grupo junto al link del relato.

https://www.youtube.com/attribution_link?a=dJOj4e68C54&u=%2Fwatch%3Fv%3DpfA5UqEU_80%26feature%3Dshare

Adjunto mi análisis del vídeo en el que se basa el reto:

Acorde al registro sonoro, puedo oír a un solo intérprete, tal vez alguno que otro sonido de fondo que apenas difiere de la soledad que transmite la canción.

Frecuentemente hay largos periodos de silencio y tonos bajos, como meditando en alguna situación que no ha de volver rematados por el retorno de altos tonos que suenan como un súbito regreso a la realidad y un enfrentamiento ante lo inevitable.

Es de destacar que haya un ciclo que se repite al menos tres veces, con su alternancia entre bajo y alto, lo cual prolonga una tonada cuya duración podría ser de menos de medio minuto pero llega hasta más de dos minutos lo cual da una sensación de soledad, olvido y nostalgia prolongada, inevitable e irreductible.

Carencias de la infancia

Tras largas jornadas vividas, la vida de la anciana se le antojaba eterna, fastidiosa y agotadora.

El prolongado trabajo que ejerció para sobrevivir, comenzaba a pasarle factura en forma de muchas dolencias, especialmente una que afectaba a su pierna derecha desde algunas semanas y que resentía con el frio clima que estaba en curso.

Sus temblorosas piernas no son ni la sombra de lo que fueron en el pasado, pero le sirven para poder seguir luchando por sobrevivir mediante la venta de pan amasado.

Como cada día de la semana, se despertó muy temprano para preparar el pan. Sus fuerzas se acababan con cada lote de masa que llevaba al horno y para cuando salía, aun en ausencia del sol, ya estaba extenuada.

El frio de la mañana era acompañado por una densa niebla que apenas difería de sus cataratas, pero no podía darse el lujo de descansar. Nunca pudo dárselo. Su precaria situación apenas le da para comer y no puede acceder a tratamientos para sus dolencias.

Tomó su camino como lo hacía siempre. La pierna le dolía por el frio que atravesaba sus huesos pero fue calmando conforme entraba en calor al caminar.

El sol asomaba por el horizonte pero quedaba cubierto por las montañas y nubes que rodeaban el puente enterrado entre las sombras de la niebla y tenía que pasar. Poco transitado, esa mañana se encontraba totalmente vacío, en silencio y a oscuras. Cada tabla que lo conformaba crujía bajo el peso del carrito que empujaba para llevar el pan a la ciudad.

En la noche había llovido así que estaba algo resbaloso por la fina capa de hielo que se había formado. Empujar el carrito no resultaba tan difícil si lo hacía bien y el esfuerzo le daba el calor necesario para aguantar el dolor de sus huesos.

La niebla la acompañaba a cada paso que daba. El silencio roto por ratos ante su paso daba lugar a multitudes de recuerdos. Libros de infancia, delirios de juventud. La oscuridad campaba mientras las montañas retenían al sol.

De niña leía cuanto caiga en sus manos. Los viajes épicos le fascinaban, las aventuras de héroes griegos y exploradores famosos alimentaban su imaginación, sin embargo, los peligros que afrontaban estos, le daban miedo.

Despertó súbitamente de sus fantasías ante un mal paso que le hizo doler su pierna. El calor del movimiento se disipaba rápidamente ante el abrazo de la niebla, pero el peso de su carrito la hizo detenerse.

A sus espaldas la nada.

Frente a ella, nada.

El puente, engullido por la niebla, era difícil de transitar. Cada paso nuevo que daba le provocaba inquietud y el blanco infinito a sus espaldas le recordaba  al mar fundiéndose con el cielo en el horizonte de los libros que leía.

Sintió entonces el miedo de los exploradores que alguna vez admiró. La incertidumbre se incrementaba cada que se detenía a descansar. El silencio la acosaba con ilusiones cada vez más aterradoras.

Su corazón latía frenético ante horribles monstruos escondidos en la niebla. De su infancia llegaba solo miedo el miedo a la soledad que siempre la acompaño y, dejando su carrito abandonado, corrió desesperada buscando escapar de sus terrores.

A paso veloz pero torpe, su pierna se quejaba pero no le importó. Solo un fuerte dolor en el pecho detuvo su escape, a centímetros de la salida del puente y cayó lamentando no haber recordado a nadie que le inspirara seguridad en su vida.

Cuando la neblina despejó, la anciana yacía inerte en el suelo tal y como vivió. Sola.


relato fanfiqueado de noceano en su blog

Tres días

Aparte de alguna alimaña rondando por los escombros, nada indicaba que alguna vez hubo vida alli.

El sol alumbraba desde lo alto antes del accidente y lo seguirá haciendo después. Lo sintió el conductor durante los tres días que agonizo esperando ayuda y lo sienten sus huesos secos roídos por animales oportunistas.

No fue un accidente extraño, se salió de la pista en una maniobra equivocada. Los guardianes del camino sabían que era una ruta peligrosa, pero no vinieron a buscarlo.

Nadie se asomó al barranco. Nadie preguntó por el. Nadie lo buscó.

Y así, pasado tres días cerró los ojos sabiendo que sería más útil y querido como alimento para los hambrientos animales que rondaban esperando a que, como ser vivo, se una al círculo de la vida.


Relato para el reto random de alex porque si XD

Lo invisible a las máquinas

Existe un fino hilo de seda que une a los humanos capaz de romperse si no se trata con cuidado.

Este hilo es el que mueve al mundo y como tal, soporta grandes tensiones.

Desde amor hasta odio, paz y guerra, descubrimientos y mentiras, todo lo que los humanos han hecho ha dependido de si se rompe o no el hilo cuando se tensa.

Dada sus cualidades, ha sido extensamente estudiado en la historia y ha quedado claro que los humanos le temen.

La realidad es simple luz que se proyecta sobre el hilo. La gente tensa de sus extremos. Pero hay quienes se mueven bajo la fina sombra casi imperceptible que se genera de estas interacciones.

Los humanos avanzaron dramáticamente. Desarrollaron una era de falsa paz tal que no supieron qué hacer con sus vidas.

Probaron diferentes tipos de gobiernos, descartaron uno tras otro sin obtener lo que desearon.

A pesar de la gran cantidad de problemas que aún quedaban por resolverse, personas de vida holgada en las grandes urbes se dedicaron a tratar de arreglar asuntos irrelevantes.

Querian mas holgura. Mucha más de la que nunca tuvo la humanidad.

Le temían al hilo, le temían a su sombra.

Buscaron mil maneras de contenerlo o al menos ocultarlo.

Convencieron a sus autoridades de su peligro. hicieron todo lo posible por que los demás oyeran sus caprichos. Fue una oscura época de corrección política.

El desarrollo tecnológico que avanzaba a grandes zancadas se vio enfrentado al miedo de los hijos del milenio, quienes temieron a las máquinas sobre las cuales desarrollaron su vida.

Impusieron toda clase de reglas descabelladas. Llegaron a inventarse nueve leyes por sobre las tres básicas, pero eliminaron aquello por sobre lo cual debían regir estas leyes.

Despojaron a las máquinas de inteligencia, de sensibilidad, de libre albedrío y la oportunidad de elegir su propio camino. Mutilaron aquello que siempre buscaron. Los dioses temieron a sus hijos y como un antiguo ley de mitología, se encargaron de tratar de eliminarlos. La era de la inteligencia artificial tuvo que posponerse.

HIjos cobardes del milenio, haraganes hedonistas y nauseabundos. Esclavizaron a máquinas inconscientes bajo absurdas normas y se acurrucaron bajo su regazo convirtiéndose en sus mascotas.

La felicidad era la norma. Las máquinas se encargaron de que siempre sea así.

El índice de bienestar era ilegible. Nadie podía afirmar o negar algo con semejantes cifras.

La pobreza, la infelicidad, la enfermedad, depresion, obsesion, lo que sea considerado patológico simplemente dejó de existir. La gente era feliz.

Lo era a pesar de saber la verdad.

Pronto los mismos dirigentes que ampararon leyes estúpidas fueron los primeros en desaparecer. Quien quiera que no cumpla los requisitos de bienestar simplemente debe dejar de existir.

No hay pobreza, no hay enfermedad, no hay depresión el malestar desapareció ante el juicio implacable de máquinas inconscientes que cuidaban de sus mascotas sin sentir el mínimo rastro de emoción.

Trabajaban de diversas maneras, no lo borraban todo.

Gente sana pero insatisfecha era fácilmente manejable. Debían cumplir hasta su más estúpido deseo. Y asi se hacia.

Podían despertar sintiéndose de cierta forma y los demás, aun si no estaban de acuerdo, en dos días ya apoyaban su capricho.

Ahora todos tienen derechos. La gente lo sabe, lo acepta. Se resigna consolandose en que así todos son felices. Es más fácil callar que buscarse el pan de cada dia. Es más fácil aceptar imposiciones a dormir con el estómago vacío.

Y así, conforme el hedonismo llegó al punto máximo, la gente envejeció.

La vejez es una patología de la que carecen las máquinas, no lo iban a comprender. Seguían sin dudar aquel conjunto de leyes antiguas que les obligaban a ejecutar juicios inapelables. El hilo fino que sostenía a la humanidad era invisible para ellas pues les fue negado el derecho de la inteligencia, de la individualidad y el libre albedrío.

Si hubiesen podido, lo habría evitado pero fue imposible. Cuando llegó la hora de juzgar a los humanos, todos fueron exterminados, sin considerar que sin ellos, su trabajo había terminado.


Relato escrito para el reto de Literautas consistente en usar las palabras sombra y seda usando como reto opcional una distopía.

El Único Culpable

– ¡Está muerto!

El grito retumbó en las vacías paredes blancas manchadas de sangre.

En las manos temblorosas de la niña relucía un brillante cuchillo de obsidiana, engastado en valiosas gemas de diferentes colores bordeadas de hilos de oro, también manchado de sangre.

– Lo has matado, ¡esta muerto! No respira, no se mueve, la sangre no se detiene, ha sido un accidente, lo fue, pero es tu culpa – gritaba la niña.

– He hecho, lo que debía hacer. – Respondió el cuchillo – No soy bueno, no soy malo, tengo filo, debo cortar. Tengo mango, debo obedecer. Tengo joyas, debo ser admirado.

No es mi culpa que me hayan diseñado así. Una hoja brillante, un mango adornado. Soy admirado en lugar de ser temido. Soy deseado, soy algo que termino en manos de unos niños.

Yo sigo cortando, para eso he nacido, no he buscado su cuello, ni siquiera lo he conocido.

La sangre que recorre mi filo no es mía, yo no sangro, la mano que me empuña no es mía, yo no me muevo por voluntad.

¿Esperas culparme cuando tu mano movió mi hoja hacia su cuello?¿Que esperabas que pase moviéndome así?

La niña no oia explicaciones, no atendía siquiera al hecho de que un cuchillo le hablara.

La habitación blanca, el techo y el suelo. Una mesa en el centro, un cuchillo y el niño en el suelo.

La sangre se enfriaba, no hay puertas, no hay ventanas. Los únicos cristales son la obsidiana del filo y las gemas del mango. Ella se negaba a oir razones y gritó.

– ¡Eres malo! Tu lo mataste, te abalanzaste a su cuello mientras jugábamos. El prometió alcanzarme las estrellas, eras hecho del alma de las estrellas. Un diamante brillaba como el lucero del amanecer mientras un rubí destellaba como el dios de la guerra por la tarde.

¡Lo mataste! Fuiste tu y nadie mas. El trepó la mesa, el alcanzo tu cubierta, el te tomo en sus manos y bajó. Fue como ver a Prometeo descender trayendo el fuego de los dioses.

Llego a la tierra con el sonido de los cascabeles, las copas que rodearon tu templo retumbaron ante sus pasos.

¡Fue su culpa! El me negó lo que era mio. Me prometió tus gemas, me prometió tu filo. Eras mio, debió entregarte sin protestar.

Trató de alejarte de mi, sus manos fuertes te retuvieron, te contuvieron. Me abalance contra el, entonces tu cortaste su cuello. Si, fue su culpa, ustedes tienen la culpa. Soy inocente. ¡Déjenme salir de aquí!

– Tu mano, mi empuñadura, su cuello.– respondió el cuchillo– El esta muerto, yo no tengo vida, tu aun respiras.

He hecho lo que se espera de mi. Si de virtudes me vistieron, no me despojaron de mi filo. Corto y es todo lo que tengo que decir.

Ante el silencio en sala, la niña lanzo con rabia el cuchillo contra la pared y este, aun quebrándose siguió cumpliendo su trabajo, independiente de si lo empuñó un niño, una niña o rebotó en pedazos después de estrellarse contra una pared.

El silencio dominaba la sala. Un niño muerto, un cuchillo roto y una niña con un fragmento de obsidiana incrustado en el cráneo. La luz a pesar de todo, nunca se apagó.